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Certificación y calidad
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Sobre certificación y calidad
Certificación y calidad en el sector del aceite de oliva
En el aceite de oliva, la palabra «calidad» tiene dos planos que conviene no confundir. El primero es el legal: la normativa europea define las categorías (virgen extra, virgen, aceite de oliva) mediante parámetros analíticos y cata oficial, y su cumplimiento es obligatorio para todos. El segundo es el voluntario: certificaciones que un tercero independiente audita y que acreditan desde el modo de producción hasta la seguridad alimentaria de la instalación. Entre las más relevantes del sector están las denominaciones de origen protegidas, la certificación ecológica europea, los esquemas de seguridad alimentaria IFS y BRC que exige la gran distribución, la ISO 22000 y, en el campo, GlobalGAP y la producción integrada.
Para una almazara o envasadora, el camino habitual empieza por consolidar el APPCC (análisis de peligros y puntos de control crítico), obligatorio para toda industria alimentaria, y sigue con la certificación que pida su mercado: IFS o BRC si se aspira a vender a cadenas de supermercados españolas o europeas, ecológico si el olivar y el mercado lo justifican, DOP si la zona dispone de ella, y sellos específicos como kosher o halal para determinadas exportaciones. Cada certificación implica auditorías periódicas, registros y trazabilidad documentada desde la entrada de aceituna hasta la expedición, además de costes anuales de auditoría y mantenimiento que deben ponderarse frente al mercado que abren.
Para el consumidor, la lectura práctica es sencilla: la categoría «virgen extra» ya es en sí una garantía legal analizada y catada; los sellos añadidos concretan garantías extra, cada uno la suya. La eurohoja certifica cultivo ecológico, la contraetiqueta de una DOP certifica origen y tipicidad verificados, y los sellos IFS o BRC —que no suelen aparecer en la etiqueta— garantizan al distribuidor la seguridad del proceso. Desconfíe en cambio de menciones sin respaldo verificable, como «artesano», «puro» o «primera presión», que no están amparadas por control externo alguno o directamente carecen de significado legal en el etiquetado actual.