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Aceite ecológico y bio
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Sobre aceite ecológico y bio
Aceite de oliva ecológico: qué garantiza el sello y en qué se diferencia
Un aceite de oliva ecológico (o «bio», términos equivalentes y protegidos en la Unión Europea) procede de olivares cultivados según el Reglamento (UE) 2018/848: sin fertilizantes de síntesis ni plaguicidas químicos convencionales, con manejo del suelo mediante cubiertas vegetales y abonado orgánico, y control de plagas basado en métodos biológicos y sustancias autorizadas. La almazara que lo elabora también debe estar certificada, de modo que la trazabilidad ecológica cubre desde el árbol hasta la botella. El sello que lo acredita es la «eurohoja» europea, acompañada del código de la entidad de control autorizada por la comunidad autónoma.
España es uno de los países con más superficie de olivar ecológico del mundo, con varios cientos de miles de hectáreas certificadas, concentradas sobre todo en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Convertir un olivar convencional en ecológico exige un periodo de conversión de unos tres años durante el cual la finca ya se maneja en ecológico pero la producción aún no puede venderse con el sello. Ese esfuerzo, junto a rendimientos por hectárea generalmente menores, explica que el aceite ecológico cueste algo más que su equivalente convencional, con un sobreprecio habitual moderado que varía según la campaña.
Conviene aclarar un malentendido frecuente: el sello ecológico certifica el modo de producción, no la categoría del aceite. Un aceite ecológico puede ser virgen extra o simplemente virgen, así que lo ideal es buscar las dos cosas en la etiqueta: «virgen extra» y la eurohoja. En cuanto al perfil sensorial, no existe un «sabor a ecológico»: depende de la variedad y de la cosecha, igual que en el convencional. La diferencia real está en el modelo de cultivo, que favorece la biodiversidad del olivar, la vida del suelo y la reducción de residuos en el medio.